
En cuanto vi sus ojitos celestes agrandados por el temor a lo desconocido y escuché su llanto triste, me enamoré de ella. La persona que la trajo, dijo que no sería fácil domesticarla...tenía una historia difícil.
Ella optó por nuestra vieja perrita Deisy que la aceptó plenamente. Cosa curiosa...no temía a los perros, pero sí a los humanos. Ya era algo que teníamos en común.
Sin invadirla y con mucha calma, me dediqué a mimarla todo lo que pude. El resultado fue lento. Se aceleró cuando nuestra perrita nos dejó y Misty que la extrañaba, se acercó a nosotros.
Ahora es la reina de la casa. Se hizo tan mimosa...que parece un bebé. Nos conversa y pide caricias todo el día. Ya no le teme a la gente, pero sigue sin temer a los perros...
Que puedo decir?...su cariño nos hace muy felices...y creo...que a ella también.
Mis amos, Alicia y Lucas
No quiero recordar las cosas que me hicieron los humanos. Por suerte, los gatos no somos rencorosos y pronto olvidamos lo malo.
En mi caso, me fallaron varios amos. Como yo tenía miedo...me devolvían..y eso me causaba más miedo. Tenía que volver a empezar...y era difícil.
Cuando en esta casa vi a la perrita, pensé que era mi mamá. Ella me dejaba dormir en su cama y yo le agradecía siguiéndola por todos lados. Los amos la trataban con mucho cariño...y eso me dio más confianza.
Cuando no la vi más...me asusté un poco..pero ellos estaban tristes y me acerqué . Buscaba cariño....y el calor que me daba Deisy.
Aprendí a tenerles confianza y cuando quise acordar...los buscaba todo el tiempo para recibir sus caricias...que me gustan mucho. Espero que mis amos estén contentos como yo. Les hablo y les ronroneo para que sepan que estoy feliz...espero que ellos también...