lunes, febrero 16

En la iglesia


Sentada en la penumbra de la iglesia. No rezaba. Pensaba a solas, cosa que no podía hacer a menudo. Tampoco había ido especialmente. Salió a caminar a la deriva y sin saber como llegó ahí. En ese momento de paz, sintió que era lo que esperaba. Un remanso de silencio...
Su casa ultimamente, era un verdadero caos. Un marido bastante ausente, dos adolescentes imposibles, un padre enfermo y demandante...y cuatro perros.
De silencio, ni hablar. Tampoco,para ser sinceros, de atención a su persona. Estaba segura de que no notarían su ausencia hasta que tuvieran hambre. Tenía que respirar.
Hizo un resumen de su vida y llegó a una conclusión. No había sido mala hasta...hacía dos o tres años. Después de que Nancy cumpliera sus 15 años, todo cambió. No parecía razonable, pero era así. De pronto esa nena que la acompañaba tanto, se empeñó en volar sola. Iba y venía, casi no la veía y cuando estaba en casa era una malhumorada total. De Sergio...bueno un muchacho de 18 años...es una especie de huésped que a toda hora busca comida, remeras limpias y si se encuentra con su hermana pelea y grita su nombre como reprochandole el haber procreado algo que el no pedía.
Papá...bueno, había que tener paciencia. A esta altura de su vida no está muy seguro de nada. Pide comer y recién lo hizo, habla en tiempo presente de personas que hace rato que no existen. Eso cuando está bien! A veces se niega a comer o a beber y ahí está ella para insistir y engañarlo para que se alimente.
Bueno, esto tampoco es una vacación, ni siquiera un fin de semana largo...solo unos minutos para recuperar el aliento.
Hay que volver a casa, pensó. Tampoco soy una irresponsable. Miró el reloj y sin darse cuenta, había pasado una hora.
No se apuró. Segura de que no habían notado su ausencia, caminó despacio hasta su puerta.
Cuando la abrió, su familia en pleno...estaba dando vueltas por la casa. Nerviosos y preocupados la recibieron con alegría.
Le dijeron que no se preocupara, que si estaba bien. Ante su confirmación, le ofrecieron un lugar en la mesa y le contaron que Papá y Sergio habían comprado algo que a ella le gustaba y que Nancy estaba cocinando...
Ella no salía de su estupor. No sabía si era un milagro producto de su visita a la iglesia. Pero mientras oía a sus hijos reír y veía a su marido sirviéndole cariñosamente la comida, llegó a la conclusión de que había exagerado un poco, que tal vez el cansancio...pero decidió que sea lo que fuere...iba a visitar la iglesia sin aviso y cada tanto, para volver a vivir esta experiencia.

4 comentarios:

Unknown dijo...

esos pasadizos extraños de los pensamientos: todos nos necesitamos y todos queremos nuestra intimidad a la vez, sin poner en juego los afectos.
Eso sí, la rutina es criminal, porque acostumbra y mata la sorpresa. Y es dificil coordinar "los quereres" al unísono si son muchos los que comparten la vida con nosotros.
Es una hermosa fotografía de lo cotidiano, Manitaquerí, con tu fina obeservación de siempre.
Un beso enorme, muchos besos.

Alicia M dijo...

Gracias manitoquerí! En realidad se me ocurrió viendo a esa señora en la iglesia (es la de San Pedro Telmo, Nuestra Señora de Belen) pero es lo que les pasa a muchas mujeres...como tan bien lo explicaste...ese tironeo entre querer ser libres y la necesidad del amor de los nuestros. La otra cara, los hombres, también lo viven. Es parte de esta milonga que tenemos que bailar, No? Besos mil, muchos pero muchos.

Recomenzar dijo...

Sentido escrito que comparto en sentimientos de la fe que llega y se va sin dejar recuerdos......
besos

Alicia M dijo...

Gracias Mucha por compartir.La dura lucha de las mujeres continuará...la de algunos hombres...también. Cariños y hasta siempre.