
Buscaba mi infancia... Como no sabía cómo hacerlo, pensé en mi hermano. Eramos tan unidos, que si lo encontraba a el, seguro estaría cerca . Pensé que haríamos con unas monedas en el bolsillo. El quiosco de al lado de casa, pensaba en el sueño, tal vez no estaría en el mismo sitio. Lo más sensato, pensé, era ir a la panadería de nuestra infancia. Esa existía aún...hacía poco tiempo que la había visto al pasar por ahí.
Cuando llegué a la panadería, estaba cerrada. Una persona me indicó amablemente...que intentara por una puerta lateral...Ahí, me dijeron, nunca dejamos de venderle a los chicos.
Entré a un pasillo ancho y bastante obscuro. En el fondo, un mostrador precario y largo. Detrás de el, se desplazaban de un lado para otro...como atendiendo pedidos, varias personas vestidas como en los tiempos barrocos, incluso, se oía música de Mozart sonando suavemente por todos lados. Esto, pensé...es lo más parecido a un Paraíso exclusivo para niños.
Efectivamente...me atendieron con mucho cariño y me preguntaron que golosina deseaba. Yo, algo avergonzada, les conté mi búsqueda. No se asombraron, al contrario. Me dijeron que podía probar en una plaza de la otra manzana. También en un lugar para jugar, a mitad de cuadra. Como no sabía a que se referían...me dieron las explicaciones de cómo llegar...y me describieron la fachada del edificio.
Recordé vagamente un lugar así...pero recordaba que allí había un terrenos baldío.
Decidí pasar por ahí primero, más por curiosidad...para ver como era.
Enseguida encontré la fachada mencionada. Una escalera angosta con paredes a sus lados, llevaba al primer piso-entrada. Cuando empujé la`puerta, en vez de un salón, o algo parecido...encontré un parque de ensueño. Estaba iluminado como de día y varios chicos jugaban alegremente subiendo y bajando lomas y árboles de todo tamaño.
Noté que eran algo más pequeños que nosotros. Calculaba unos diez años para mi hermano, uno más para mi...
Cerré la puerta y decidí ir para la plaza.
Aunque afuera era de noche....ahí también brillaba el sol. Como si los niños llevaran la luz dentro suyo y la volcaran por donde fueran.
Encontré niños de nuestra edad. Pregunté por mi hermano. Con naturalidad me respondieron que solía estar cerca de donde se jugaba a la pelota o a los autitos. Yo sabía, no sé como, donde era.
Allá fui casi corriendo...y cuando estaba llegando...divisé a mi hermano que saliendo del juego...iba en busca de la pelota. Pasó acalorado y sonriente delante mio...sin verme. Y enseguida entendí que pasaba...por que a los gritos y dirigiéndose a dos niñas que estaban sentadas mirando su álbum de figuritas, dijo...¿vieron que gol? ¡Lo maté al arquero!...
Una de esas niñas...era mi amiga Marta, la otra....era yo.
Cuando llegué a la panadería, estaba cerrada. Una persona me indicó amablemente...que intentara por una puerta lateral...Ahí, me dijeron, nunca dejamos de venderle a los chicos.
Entré a un pasillo ancho y bastante obscuro. En el fondo, un mostrador precario y largo. Detrás de el, se desplazaban de un lado para otro...como atendiendo pedidos, varias personas vestidas como en los tiempos barrocos, incluso, se oía música de Mozart sonando suavemente por todos lados. Esto, pensé...es lo más parecido a un Paraíso exclusivo para niños.
Efectivamente...me atendieron con mucho cariño y me preguntaron que golosina deseaba. Yo, algo avergonzada, les conté mi búsqueda. No se asombraron, al contrario. Me dijeron que podía probar en una plaza de la otra manzana. También en un lugar para jugar, a mitad de cuadra. Como no sabía a que se referían...me dieron las explicaciones de cómo llegar...y me describieron la fachada del edificio.
Recordé vagamente un lugar así...pero recordaba que allí había un terrenos baldío.
Decidí pasar por ahí primero, más por curiosidad...para ver como era.
Enseguida encontré la fachada mencionada. Una escalera angosta con paredes a sus lados, llevaba al primer piso-entrada. Cuando empujé la`puerta, en vez de un salón, o algo parecido...encontré un parque de ensueño. Estaba iluminado como de día y varios chicos jugaban alegremente subiendo y bajando lomas y árboles de todo tamaño.
Noté que eran algo más pequeños que nosotros. Calculaba unos diez años para mi hermano, uno más para mi...
Cerré la puerta y decidí ir para la plaza.
Aunque afuera era de noche....ahí también brillaba el sol. Como si los niños llevaran la luz dentro suyo y la volcaran por donde fueran.
Encontré niños de nuestra edad. Pregunté por mi hermano. Con naturalidad me respondieron que solía estar cerca de donde se jugaba a la pelota o a los autitos. Yo sabía, no sé como, donde era.
Allá fui casi corriendo...y cuando estaba llegando...divisé a mi hermano que saliendo del juego...iba en busca de la pelota. Pasó acalorado y sonriente delante mio...sin verme. Y enseguida entendí que pasaba...por que a los gritos y dirigiéndose a dos niñas que estaban sentadas mirando su álbum de figuritas, dijo...¿vieron que gol? ¡Lo maté al arquero!...
Una de esas niñas...era mi amiga Marta, la otra....era yo.